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De oficio: Ser caseros y de vocación; predicantes de Dios.

La crónica de hoy en este espacio especial se lo dedicamos al rubro «caseros», estas familias que cuidan propiedades o casas de fin de semana. Leonela, entrevistó a Juana y Jorge dos vecinos de Colonia Caroya, quienes cuidan una casa de campo.

Por: Leonela Tirabosque

Llegué a la estancia, donde vive Juana De Alonso y su marido Jorge, en Colonia Caroya. Después de caminar tres lotes ruta adentro, me encontré con la tranquera de la estancia.
Los caballos pintaban con sus figuras las orillas del campo.

Son los guardianes de ese espacio y ese tiempo alejado de las urbes, y escondido de las ciudades.
Están cerca y a la vez están lejos.
Apenas llegó, veo la mesa en el patio de su casita, al costado de la gran estancia.
Una mesa con un mantel blanco prolijamente acomodado. Y el termo y el mate junto a Juana, dándome una dulce bienvenida.
Le cuento que me interesa contar de que trabajan todos los días y a cualquier horario.
Comenzamos a grabar y la magia del relato fue tomando su curso.

Leonela: Estamos con Juana De Alonso, para toda la audiencia de radio Cadena Norte, y vamos a hablar sobre el oficio de ser casero, que es un trabajo muy sacrificado y poco documentado.
¿Cómo es un día cotidiano de ser casero?
Juana: Y es un día, de sol a sol, porque es levantarse temprano a atender si hay animales, los animales, si hay quintas o lo que sea hay que trabajarlas, y la casa. En una de las estancias hemos tenido la experiencia de tener muchas plantas frutales, yo soy la loca de las frutas, ese año el señor me bendijo con toda clase de frutas, a mi gusto, tamaños, colores y formas. Y también con animalitos, había gallinas, pollos, chanchos.
L:¿Qué es lo que más les costaba de estar ahí?
Juana: A mi no tanto, yo no era la que trabajaba tanto, el que trabajaba más era jorge, el trabajaba, pero uno se acostumbra a trabajar las ocho horas, y en el campo no, es todo el día. Y le pagaban 4800 pesos, muy poco. Casi nada al mes. Y no tenía feriados, ni días libres, era el trabajo todos los días.
L:¿Y la distancia era una cuestión que importaba?
Juana: Bueno en ese momento prácticamente estábamos sobre la ruta, a 200 metro nomás.
Así que pasaban los colectivos que iban por Villa de Rosario, nosotros vivíamos en Pilar, entre Pilar y Costa Sacate, así que yo tomaba el colectivo en frente de mi casa, para ir al centro, para ir al pueblo.
Juana: En chalacea, en otro campo que estuvimos, nos dijeron que eran tres kilómetros y eran nueve kilómetros del pueblo,unos guadales tremendos, que si llovía, no entraba ni salía nade. Y el señor nos llevo a ese lugar para prepararnos para muchas otras cosas. Y cuando fuimos, nosotros cuando vivíamos en Totoral, teníamos gas natural, pero fuimos ahí y era a garrafa. Y teníamos la garrafa al límite casi vacía, y le digo a Jorge, papi poneme la garrafa, para poner la pava; Y la puso y me dijo – Uy má esta vacía. Y la colocó; la voy a poner bajo la mesada tenía un lugarcito y le digo – ¿señor me la podes llenar?. Sabes en el lugar que estamos y en este momento no tenemos para comprar.
Leonela ¿Entonces, qué paso?
Juana: Duro más de quince días la garrafa, la usábamos para calentar el agua para la comida, para el mate, un mes nos duro al final. En el momento que Jorge cobro su primer sueldo y que pudimos ir al pueblo a comprar ahí se acabó la garrafa. Y así como esa experiencia, nos paso, con el pan lo mismo, hacíamos el pan casero y llegaba el último pedazo de pan y era comer y comer y cortar y comer. Hasta que no venía alguien que podía ir al pueblo a comprar y nos traían el pan, no se acaba nunca.
L:¿Cómo se conocieron?
Juana: Nosotros nos conocimos acá en la Colonia, después fuimos a trabajar en Villa Del Totoral, ahí le empezamos a servir al señor los dos juntos, el señor nos bendijo, y a donde el señor nos llamaba ahí íbamos, Villa del Totoral, Villa Gutiérrez, a todos esos lugares íbamos a visitar a gente que nos llamaba porque estaban enfermos.
Porque te comento, mi historia es ésta: (en ese momento el relato sobre ser casero, fue tomando otro camino; el de la fe).
Yo conocí al señor a los 21 años, pero mi vida fue muy light, muy tranquila, yo iba a una iglesia y así como entraba, salía, y iba a otra. Salía al baile, o hacía cosas que no tenía que hacer. Porque yo tenía a Cristo en mi corazón, hasta que el señor dijo, Juana hasta acá, y me enferme de la columna, me tuvieron que operar de la columna, me operaron una vez, me operaron otra vez, por tercera vez, hasta que el señor me dijo Juana; ¡Tenes que parar!.
De una vez por todas tenés que parar, y quede en silla de ruedas. Tuve un mes y quince días internada en un hospital, en Tránsito Cáceres de Allende, porque los médicos no sabían que tenía.
Me hacían toda clase de estudios, y no había nada, no había absolutamente nada. Hasta que un día el señor, que era un ángel, yo lo considero así, un ángel, porque lo creo. Estaba en la habitación y fue un pastor de una iglesia, y me pregunto porque yo estaba ahí.
Y bueno, yo no hablaba, entonces mi mamá que estaba conmigo, le explico porque yo estaba así.
Que me habían operado, que yo había salido de la operación, que me había ido a mi casa, pero yo me empece a deformar toda, a deformar manos y piernas, y yo quedé en sillas de ruedas. No hablaba, no nada, y mis hijos iban un día unos, un día otros, mi mamá me cuidaba. Y ese día fue este pastor, el había ido a orar al hospital por un enfermo.
-Yo sé, dijo el pastor porque yo vine, yo vine para orar por usted, no vine por ese enfermo, yo vine porque dios me trajo. Porque vos sos una elegida de Dios, vas a servir al señor, donde el te llame. Yo me puse en las manos de Dios, a mi me entró un fuego desde la cabeza hasta los pies, y empecé a gritar y a decir mirá mami como habló, como muevo piernas, muevo brazos.
-El pastor me dijo vos el jueves de esta semana vas a salir dada de alta.
-No;le dijo mi mamá -tenemos para un mes.
Y el día jueves yo estuve en la casa de mis hijos. Y desde ese día le dije: “señor a donde vos quieras que yo vaya yo voy a ir a servirte”. “Y así es”.
Leonela:¿En que lugares estuvieron predicando?
Juana-Estuvimos en Costa Sacate, en una iglesia congregandonos allí, luego en Pilar con mis hijos, que para la gloria de Dios, ahora tengo a mi hija, a su esposo y sus hijos en los caminos del señor. El segundo de mis hijos también, con su familia al servicio de Dios, y bueno la palabra de cristo dice: “Cree en Jesucristo y tú y tu casa serás salvo”. Y yo eso le creo.
Entonces yo se que muy pronto van a estar mis hijos con nosotros a la par de cristo. Y así como nosotros, mucha gente.
Si dios te ha dado el don de orar para los enfermos, tenes que servirle, o visitar si hay alguien necesitado, de orar no solo por el enfermo, sino de ir a visitar una persona que necesita un oído. Para que lo escuchen porque hoy en día como están las cosas, entonces nosotros estamos, dejar lo que sea, y ir. Para eso el señor nos ha puesto en su camino, como hacían sus discípulos. El señor dice ve y predica el evangelio.
¿Los dos son compañeros en predicar la fe?
Juana: Lo que pasa es que yo y Jorge estamos en segunda nupcias, el primero de mi esposo era, y el tenía ese problema por parte de él, era yo la fría que iba para un lado y para otro. Y yo le dije: Señor yo no me quiero volver a equivocar, porque yo me había equivocado con el papá de mis hijos. De mis hijos no reniego, los amo a mis hijos y mis nietos, pero el matrimonio que tuve no fue bueno. Después tuve una pareja que también me fue mal, entonces dije basta hasta acá llegué. No quiero saber más nada, entonces oraba que Dios me diera el compañero, y bueno, lo conocí a Jorge en la iglesia.
El día que lo vi a Jorge, dije -¿señor este es el compañero que vos me das?. Apenas lo vi.
Estuvimos cuatro años juntos y después nos unimos en matrimonio, que el pastor Sarmiento, es el que nos dio la bendición.
Tuve un casamiento de princesa. No íbamos a tener nada. Dios nos dio todo. Todo. Todo.
Tuvimos una fiesta de cien invitados, un salón con todo lo que dios puede permitirte, lo tuvimos nosotros.
Seguimos tomando mates, entre historia y historia, sus ojos francos y soñadores me invitaban a escuchar con ganas lo que me contaba. De la nada me vino a la mente el siguiente poema, poesía, que los representa, en hacer del mundo un lugar más habitable y con amor.

Te quiero
Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro
tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero
y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola
te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente viva feliz
aunque no tenga permiso
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos.

M.Benedetti